Labios y gloss

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Labios con mucho, mucho brillo, y sólo una insinuación de color, una tendencia que encuentra cada vez más seguidoras no sólo entre las más jóvenes, sino también entre las mujeres más maduras, conscientes de que los colores suaves, poco intensos, resultan más favorecedores que aquellos demasiado marcados. Pero, ¿sabes sacarle partido al gloss? No te pierdas nuestros trucos.

Los labios deben estar impecables antes de extender el gloss. Para ello, exfolia antes su superficie con un cepillo de dientes viejo, lo que elimina posibles pellejitos. Pero, eso sí, con cuidado.
El gloss se aplica sólo en el centro de la boca. Presiona un labio contra el otro para repartir el producto, sin extenderlo nunca por los bordes. Escurridizo y travieso, ¡ya se encargará de repartirse por toda la boca él solito!
Si te has excedido en la cantidad de producto, retira ese sobrante con el dedo, y evita los pañuelos de papel, que eliminarían el efecto “espejo”.
Se aplica poco a poco. Nunca te excedas en la cantidad, ya que al calentarse, se dispersa y escapa por las comisuras de la boca, creando un poco favorecedor efecto desdibujado, e incluso destacando las posibles arruguitas.
Si aún a pesar de todos estos consejos has aplicado demasiado gloss, moja un bastoncito de algodón y retira el exceso de producto con él. El agua impedirá que se te queden pegadas pequeñas fibras de algodón.
Introduce el pulgar en la boca cerrada y llévalo hacia fuera para retirar cualquier exceso de producto que pudiera quedarse en la parte interior de los labios. Así evitarás manchas en los dientes.
Si no quieres dejar huellas en vasos o copas, no te quedará más remedio que beber con pajita.
Es muy pegajoso, por lo que si llevas un peinado con capas que caen sobre la cara, puedes llegar a manchar el cabello: ¡mucho cuidado!
La faceta más vanguardista y atrevida se expresa a través del brillo de efecto vinilo o espejo, reflejos ultrapuros que se depositan en lugares tan poco usuales como los párpados o los pómulos.

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